miércoles, 8 de abril de 2015

Habichuelas Verdes Agridulces.






Otra vez con las verduras en nuestras mesas, ese prodigio para la salud que no siempre apetece.
No es difícil jugar con ellas y conseguir comidas que nos resulten atractivas, una habilidad importante que nos ayuda a comer bien.

De nuevo traemos a nuestros fogones a las habichuelas verdes, una de las verduras más saludables.

Se trata en realidad del brote aun tierno de la planta de la habichuela, una leguminosa muy vivaz que se ha cultivado desde tiempos remotos en Méjico y Centroamérica, desde donde se extendió a toda América del Sur.
El descubrimiento de esta prodigiosa semilla por parte de las expediciones  españolas hizo que se conociera rápidamente a través de Europa en el resto del mundo.

Hoy en día su consumo está prácticamente generalizado, existiendo una gran variedad con sus correspondientes características, colores, tamaños y nombres.
A pesar de la versatilidad, facilidad de cultivo y de conservación en seco como legumbre, el consumo del brote verde es relativamente reciente, apenas unos 100 años desde que forma parte de nuestra dieta cotidiana.



Ya hemos estado contando bastantes cosas sobre las legumbres en este blog.

Vamos a utilizar la conocida variedad de habichuela verde plana denominada Elda que suele ser bastante tierna, de tamaño medio y sin vaina.

Esta hortaliza es muy común  en nuestros mercados, la podéis encontrar tanto fresca como congelada y en conserva de bastante calidad.
Yo os aconsejo intentar buscar una verdura fresca, no resulta difícil sobre todo en la temporada de verano y durante la primavera en lugares de clima cálido.



Delantal.




Se trata de una comida muy sencilla de preparación donde las habichuelas verdes  se acompañan de algo de ajo, limón y un poco de azúcar.

Primero tenemos que lavar bien nuestras verduras y trocearlas de forma regular con un tamaño no demasiado pequeño para que se mantengan enteras.





El siguiente paso es cocerlas en agua clara.
En un cazo amplio sobre agua abundante a punto de ebullición dejamos cocer entorno a unos 20/30 minutos, dependiendo de las verduras.




Cuanto más tiernas sean menor debe ser el tiempo de cocción. Deben de quedar bien cocidas pero algo enteras ya que tendrán una segunda parte de cocinado que las sellara por fuera.



Una vez cocidas se escurren bien y se reservan. Para detener la cocción podemos enjuagarlas con agua fría.

Necesitamos una sartén amplia, ponemos a calentar un fondo de aceite abundante.
Vamos pelando los ajos en trozos pequeños, la proporción abundante, por daros una referencia unos 4 dientes por cada ½ kilo de verdura.




Se sofríen ligeramente, no demasiado, lo justo para que el aceite tome algo de aroma.

Entonces añadimos las verduras con delicadeza para que no pierdan su forma, le vamos dando vueltas de forma ordenada con un utensilio de madera para no romperlas.




Como siempre os cuento esta es una tarea que hay que hacer con algo de paciencia y procurando que las verduras resulten bien selladas por todos lados.




Casi al final añadimos un buen chorreón de zumo de limón recién exprimido y una cucharadita de azúcar a ser posible de caña. Ambos ingredientes contrastan con la sal y la pimienta negra molida.





Para los amantes de los mestizajes culinarios podéis probar con algo de salsa de soja.


Dejamos reposar trabando bien nuestros ingredientes.


The End.






Es importante que vosotros mismos decidáis la cantidad de los ingredientes que componen el sabor dulce con el agrio, se trata de un equilibrio sutil que debe guiar vuestro paladar.
No olvidaros que la sal y la pimienta nos ayudan a matizar estos sabores.


Un vino blanco frío, incluso algo afrutado, será perfecto para este plato que constituye un buen comienzo de una gran comida.


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